j. krishnamurti. Primera charla en Oak Grove, 6 de Agosto de 1955.

En todo el mundo hay problemas muy serios, y a pesar de que pueda generarse cierto estado de bienestar material, o de que los políticos consigan instaurar en la convivencia cierta paz aparente en países de prosperidad económica como este, donde existe la fiebre de producir y una promesa de un futuro feliz, no creo que nuestros problemas puedan resolverse tan fácilmente. Todos queremos que estos problemas se resuelvan, pero esperamos que otros lo hagan: los maestros religiosos, los analistas, los líderes políticos, o bien recurrimos a la tradición e intentamos encontrar la respuesta en los diferentes libros y filosofías. Supongo que esa es la razón de que hayan venido aquí, para que les diga lo que deben hacer; o tal vez tienen la esperanza de que escuchando una serie de explicaciones comprenderán los problemas que cada uno tiene que afrontar. En ese caso, he de decirles que cometen un grave error si esperan que escuchando una o dos charlas sin prestar demasiada atención se les instruirá para que comprendan sus numerosos problemas. No es en absoluto mi intención exponer, verbal o intelectualmente, los problemas que deben afrontar, sino todo lo contrario, durante estas charlas trataremos de investigar en profundidad la verdadera razón de que todos nuestros problemas sean complicados, tan trágicos e infinitamente dolorosos.

Les ruego que tengan la paciencia de escuchar sin dejarse extasiar por las palabras y sin rebatir frases o ideas, porque se necesita una paciencia inmensa para descubrir la verdad. La mayoría estamos impacientes por avanzar, por conseguir resultados, por tener éxito, por alcanzar una meta o cierto estado de felicidad, o bien por experimentar algo a lo que la mente pueda agarrarse; pero, según creo, lo que se necesita es paciencia y perseverancia para investigar sin tener un propósito. Casi todos ustedes bucan, por eso están aquí, y en su búsqueda quieren encontrar algo, obtener un resultado, alcanzar un fin, un estado en el cual puedan ser felices, tener paz; por tanto, su búsqueda ya está predeterminada, ¿no es cierto? Cuando buscamos es porque deseamos encontrar algo que queremos, de manera que nuestra búsqueda está preestablecida, determinada de antemano, lo cual significa que no es una verdadera investigación; creo que es muy importante comprender esto. Cuando la mente busca cierto estado, la solución a un problema, cuando busca la verdad o a Dios, o bien desea tener cierta experiencia, ya sea mística o de cualquier otra índole, ya tiene decidido lo que quiere y, debido a que ya lo ha decidido, ya ha establecido lo que quiere encontrar, y esa búsqueda es totalmente fútil. Liberar a la mente de este deseo de lograr un resultado es una de las cosas más difíciles.

Me parece que nuestros problemas no pueden solucionarse a menos que exista una revolución fundamental en la mente, porque tan solo una revolución como esa puede traer la comprensión de eso que llamamos la verdad. Así pues, es importante comprender cómo funciona nuestra propia mente, no mediante el autoanálisis o la introspección, sino observando toda su actividad; y eso lo que me gustaría que discutiéramos durante estas charlas. Si no podemos vernos a nosotros mismos tal como somos, si no comprendemos al pensador, esa entidad que busca, que constantemente pregunta, exige, cuestiona e intenta encontrar, esa entidad que crea el problema, el “yo”, el ego, entonces nuestro pensar y nuestra investigación no tendrá ningún sentido. Mientras el instrumento que piensa no tenga claridad, esté distorsionado, esté condicionado, cualquier cosa que se piense será limitada, restringida.

De modo que la cuestión es cómo liberar la mente de todo condicionamiento, no cómo condicionarla mejor, ¿entienden? Por eso es lo que la mayoría busca, un condicionamiento mejor. Los comunistas, los católicos, los protestantes, y los de las demás sectas que existen en el mundo, así como hindúes y budistas, todos intentan condicionar la mente de acuerdo con un modelo más noble, más virtuoso, menos egoísta y más religioso. Es evidente que la intención en todo el mundo es ofrecer a la mente un condicionamiento mejor, y nunca plantearse si es posible liberar la mente de todo condicionamiento. Sin embargo, me parece que a menos que la mente esté libre de todo condicionamiento, es decir, mientras esté condicionada a pensar como cristiana, hindú, comunista, o lo que sea, tendrá problemas.

No cabe duda de que solo cuando la mente esté libre de todo condicionamiento tiene la posibilidad de descubrir aquello que es real, o si existe eso que llamamos Dios; pero el simple interés que pueda tener una mente condicionada por Dios, por la verdad, por el amor, en realidad no tiene ningún sentido, porque esa mente solo puede funcionar dentro de su propio campo condicionado. El comunista que no cree en Dios piensa de determinada manera, y el hombre que cree en Dios, que vive pendiente de un dogma, piensa de manera distinta, pero ambas mentes están condicionadas y, por consiguiente, ni el uno ni el otro pueden pensar con libertad, todas sus declaraciones, sus teorías y creencias tienen muy poco valor. Así, la religión no tiene nada que ver con ir a la iglesia o acatar ciertas creencias y dogmas; la religión tiene que ser algo enteramente distinto, tiene que liberar por completo a la mente de la enorme tradición de siglos, porque solo una mente libre puede descubrir la verdad, la realidad, aquello que está más allá de sus propias proyecciones.

No es una teoría personal mía, podemos verlo si observamos lo que está sucediendo en el mundo. Los comunistas quieren resolver los problemas de la vida de cierta manera, los hindúes de otra, y los cristianos de forma diferente; sus mentes están condicionadas. Tanto si lo admitimos como si no, nuestras mentes están condicionadas por el cristianismo, y aunque superficialmente hayamos dejado la tradición cristiana, las capas profundas de nuestro inconsciente están impregnadas de esa tradición, están condicionadas por lo siglos de educación pasada en ese modelo concreto. Sin duda, una mente que quiere descubrir algo que está más allá, si es que existe la cosa, antes debe estar libre de todo condicionamiento.

Yosemite 1999 by M A Felton

Durante estas charla, bajo ningún concepto vamos a tratar la autoayuda personal, ni tenemos interés en perfeccionar ningún modelo, no pretendemos condicionar la mente con otro modelo más noble ni con un modelo que tenga mayor impacto social, sino todo lo contrario, intentamos descubrir si es posible liberar la mente, toda la consciencia de cualquier condicionamiento, porque a menos que eso suceda será imposible experimentar lo que es la realidad. Podemos hablar de la realidad, leer innumerables volúmenes sobre ella, revisar todos los libros sagrados de Oriente y de Occidente, pero hasta que la mente no se dé cuenta de su propio proceso, hasta que no se vea a sí misma actuando según un determinado modelo y sea capaz de liberarse de ese condicionamiento, como es obvio, cualquier búsqueda será en vano.

De modo que me parece muy importante que comencemos por nosotros mismos, que nos demos cuenta de nuestro propio condicionamiento; ¡y qué increíblemente difícil es admitir que uno está condicionado! En el nivel superficial, en las capas visibles de la mente, quizá nos demos cuenta de que estamos condicionados, tal vez renunciemos a un modelo y adoptemos otro diferente, puede que abandonemos el cristianismo y nos hagamos comunistas, dejemos el catolicismo para ingresar en cualquier otro grupo igualmente tiránico, y lo hagamos convencidos de que evolucionamos, de que nos movemos hacia la realidad, pero es todo lo contrario, lo único que hacemos es cambiar de cárcel.

No obstante, eso es lo que la mayoría queremos, encontrar un lugar donde nuestra forma de pensar se sienta segura, queremos encontrar determinados modelos que no interfieran en nuestra manera de pensar ni actuar. Pero solo la mente que es capaz de observar con paciencia su propio condicionamiento y liberarse de él, tan solo esa mente puede experimentar una revolución, una transformación radical y, en consecuencia, descubrir aquello que está infinitamente más allá de sí misma, más allá de nuestros deseos, de nuestras vanidades y aspiraciones. Sin conocimiento propio, sin conocerse uno mismo tal como uno es, no como nos gustaría ser, eso es una simple ilusión, un escape idealista, sin conocer los movimientos de nuestro pensar, todos los motivos, cada pensamiento, las innumerables reacciones, es imposible comprender y trascender todo el proceso del pensar.

Se han tomado muchas molestias para venir hasta aquí y escuchar esta charla en esta tarde tan calurosa, y me pregunto si realmente están escuchando. ¿Qué es escuchar? Creo que deberíamos hablar un poco sobre esto, si no tienen inconveniente. ¿De verdad escuchan, o lo que hacen es interpretar todo aquello que se dice de acuerdo con su propia forma de entender las cosas? ¿Son capaces de escuchar a alguien, o mientras escuchan interfieren varios pensamientos y opiniones, de manera que su propio condicionamiento y sus experiencias se interponen entre lo que se dice y lo que entienden de ello?

Creo que es importante ver la diferencia entre atención y concentración. Concentrarse significa elegir, ¿no es cierto? Si tratan de concentrarse en lo que estoy diciendo, su mente quedará fijada, restringida, y otros pensamientos interferirán; por tanto, no estarán realmente escuchando, habrá un forcejeo en la mente, un conflicto entre lo que están escuchando y su deseo de interpretar, de llevar a la práctica aquello de lo que estoy hablando, y así sucesivamente. Pero la atención es algo muy distinto, en la atención no hay fijación, no hay elección; atención es darse cuenta de todo sin interpretar nada. Si somos capaces de escuchar lo que se dice con gran atención, de forma completa, entonces esa misma atención produce un cambio milagroso dentro de la misma mente.

Todo lo que estamos hablando tiene una enorme importancia, porque a menos que se produzca en cada uno de nosotros una revolución fundamental, no veo cómo podemos generar un cambio profundo y radical en el mundo; y no hay duda de que ese cambio radical es esencial. La revolución meramente económica, ya sea comunista o socialista, no tiene mucha relevancia; debe haber una revolución religiosa, y esa revolución religiosa no puede darse si la mente se limita a amoldarse a un modelo previo de condicionamiento. Mientras uno siga siendo cristiano o hindú, no puede haber una revolución fundamental en el sentido verdaderamente religioso de esta palabra; sin embargo, esa revolución es necesaria. Cuando la mente está libre de todo condicionamiento, entonces uno descubre la creatividad de lo real, de Dios, o como prefieran llamarlo; y solo una mente así, una mente que vive en un estado constante de creatividad puede generar una actitud, unos valores, un mundo diferente.

Por eso es tan importante comprenderse a uno mismo, ¿no les parece? El conocerse a uno mismo es el principio de la sabiduría. Lo cual no significa el conocimiento basado en lo que dice cierto psicólogo, filósofo o algún libro, sino conocerse a uno mismo de instante en instante, ¿entienden? Conocerse a uno mismo es observar lo que se piensa y se siente, no solo en el nivel superficial, sino estar profundamente atento a “lo que es”, sin condenar, sin juzgar, sin valorar o comparar. Hagan la prueba y verán lo difícil que es, para una mente que durante siglos ha sido educada para comparar, condenar, juzgar y evaluar, detener todo ese proceso y sencillamente observar “lo que es”. Pero a menos que eso suceda, no solo en el nivel superficial sino hasta el mismo fondo del contenido de la consciencia, no es posible ahondar en la profundidad de la mente.

krishnamurti_smiling_02

Por favor, si de verdad han venido aquí para comprender lo que se está diciendo, ese debe ser nuestro único interés y no otro. Nuestro problema no es a qué sociedad debemos pertenecer, qué actividades debemos realizar, qué libros debemos leer, y todos estos asuntos tan triviales, sino cómo liberar la mente del condicionamiento. La mente no es solo esa parte consciente que está ocupada con las actividades diarias, sino que es también las capas más profundas del inconsciente donde está el residuo del pasado, de la tradición, de los instintos raciales. Todo eso es la mente y, a menos que la totalidad de la consciencia no esté libre por completo, nuestra búsqueda, nuestra investigación y nuestros descubrimientos, estarán condicionados, serán limitados e insignificantes.

Así, si la mente está del todo condicionada, si no hay ninguna parte que no lo esté, entonces cabe preguntarse: ¿puede esa mente en sí misma ser libre? Y: ¿cuál es la entidad que la liberará? ¿Comprenden la dificultad? La mente es la totalidad de la conciencia con todas sus diferentes capas de conocimiento, de logros conseguidos, de tradición, de instintos raciales, de memoria, y ¿puede esa mente en sí misma ser libre? ¿O la mente solo puede ser libre cuando se dé cuenta de que está condicionada y que cualquier acción que salga de ese condicionamiento seguirá siendo parte de ese condicionamiento? Espero que entiendan todo esto; de no ser así, lo investigaremos durante los próximos días.

La mente, en su totalidad, está condicionada, lo cual es un hecho obvio, no es una invención mía, es un hecho. Pertenecer a una determinada sociedad, recibir cierta educación basada en una determinada ideología, con sus dogmas, sus tradiciones y la enorme influencia de la cultura y de la sociedad, condiciona de forma constante la mente. Ahora, ¿cómo puede esa mente ser libre, teniendo en cuenta que cualquier acción que haga para liberarse será el resultado de su propio condicionamiento y, por tanto, generará aún más condicionamiento? Nada más hay una respuesta: la mente solo será libre cuando esté en completo silencio. Aunque tenga problemas, innumerables necesidades, conflictos y ambiciones, si a través del conocimiento propio, de observarse a sí misma sin aceptar ni condenar, si la mente se da cuenta sin elección de su propio proceso, entonces, de ese darse cuenta surge un asombroso silencio, una quietud donde no hay ningún movimiento. Tan solo en ese momento la mente puede ser libre, porque ha dejado de desear cosas, ha dejado de buscar, de perseguir una meta, un ideal, todo lo cual son proyecciones de esa mente condicionada. Si uno llega a esa comprensión, que no es un engaño creado por uno mismo, entonces descubrirá que hay una posibilidad de que se manifieste esa extraordinaria cosa llamada creatividad. Solo entonces la mente puede experimentar lo inconmensurable, eso que llamamos Dios, la verdad, o como prefieran llamarlo; la palabra tiene muy poca importancia. Puede que socialmente sea muy afortunado, tenga muchas posesiones (automóviles, casas, frigoríficos, cierto bienestar superficial), sin embargo, a menos que eso inconmensurable tenga presencia en su vida, siempre le acompañará el sufrimiento; porque lo único que pone fin al sufrimiento es liberar la mente de condicionamiento.

Eso plantea muchas preguntas, pero ¿de qué sirve hacer preguntas y recibir respuestas? ¿Hacer preguntas solucionará algún problema? ¿Qué es un problema? Por favor, escuchen con atención, piensen conmigo. ¿Qué es un problema? Un problema surge cuando la mente está ocupada con algo, ¿no es cierto? Si tengo un problema, ¿qué significa eso? Supongamos que mi mente está ocupada de la mañana a la noche con la envidia, con los celos, con el sexo, o con lo que sea, esa actividad de la mente con un objeto es lo que genera el problema. La envidia puede ser un hecho, pero cuando la mente interviene en ese hecho crea el problema, el conflicto, ¿comprenden?

Digamos que soy envidioso, o que por diferentes motivos tengo impulsos violentos. Pues bien, cuando se expresa, esa envidia genera conflicto y, entonces, mi mente queda atrapada en ese conflicto: cómo liberarse de él, cómo resolverlo, qué hacer al respecto. Cuando la mente interfiere en la envidia, eso mismo genera el problema, no la envidia en sí misma. En un momento investigaremos el significado completo de la envidia; por tanto, nuestro problema no es el hecho, sino la intervención de la mente en ese hecho. Y bien, ¿puede la mente dejar de interferir? ¿Es la mente capaz de afrontar el hecho sin actuar sobre él? A medida que avancemos examinaremos este tema de la intervención; es muy interesante observar nuestra propia mente actuando.

Así pues, al reflexionar juntos sobre estas cuestiones, lo que intentamos es liberar a la mente de actividad, lo cual significa observar el hecho sin interferir. Es decir, si tengo cierta demanda, ¿puedo observar esa demanda sin interferir en ella? Les ruego que observen su propia demanda de irritabilidad o de lo que sea, ¿pueden mirarla sin que la mente interfiera? Interferir significa esforzarse en resolver esa demanda, por eso la condena, la compara con algo, intenta modificarla, superarla, ¿no es cierto? En otras palabras, intentar hacer algo con esa demanda es interferir, ¿no es verdad? Pero ¿pueden observar el hecho de que tienen una demanda concreta, una exigencia, un deseo, observarlo sin compararlo, sin juzgarlo y, por tanto, sin iniciar todo el proceso de interferencia?

Desde el punto de vista psicológico, es muy interesante observar la incapacidad de la mente a mirar un hecho como la envidia sin introducir la amplia complejidad de opiniones, de tal manera que nunca resuelve el hecho, sino que multiplica los problemas. Espero estar expresándolo con claridad. Creo que es muy importante comprender este proceso de la interferencia, porque detrás se esconde un factor mucho más profundo, que es el miedo de la mente a no estar ocupada. Da igual si está ocupada pensando en Dios, en la verdad, en el sexo o en la bebida, su cualidad es esencialmente la misma. Tal vez el hombre que piensa en Dios y se hace ermitaño puede tener más trascendencia socialmente, puede ser socialmente más importante que un borracho, pero ambos están actuando, y una mente ocupada nunca es libre para descubrir la verdad. Por favor, no acepten ni rechacen lo que estoy diciendo, examínenlo, averígüenlo. Si cada uno de nosotros es realmente capaz de observar esa única cuestión, prestar completa atención a todo el proceso de cómo la mente interfiere en cualquier problema, sin intentar impedir que interfiera, lo cual sería simplemente otra forma de interferencia, si podemos comprender todo este proceso, entonces creo que el problema en sí mismo se vuelve irrelevante. Cuando la mente deja de interferir en un problema, cuando es libre para observar, para darse cuenta de toda la dificultad, entonces es posible resolver el problema con relativa facilidad.

kb

INTERLOCUTOR: Todos nuestros problemas parecen surgir del deseo; ahora bien, ¿podemos liberarnos del deseo? ¿Es el deseo algo innato en nosotros o es un producto de la mente?

KRISHNAMURTI: ¿Qué es el deseo? ¿Por qué separamos el deseo de la mente? Y ¿quién es esa entidad que dice que el deseo es la causa de todos los problemas y, por tanto, debemos liberarnos de él? ¿Entiende la pregunta? Debemos comprender lo que es el deseo, no preguntar cómo liberarnos de él porque nos crea problemas, o si es un producto de la mente. En primer lugar, necesitamos saber qué es el deseo, y luego podemos investigarlo más profundamente. Así pues, ¿qué es el deseo y cómo surge? Voy a explicarlo y lo verán, pero no se limiten a escuchar mis palabras, más bien experimenten esa cosa de la que estamos hablando a medida que avanzamos, entonces tendrá trascendencia.

Bien, ¿cómo surge el deseo? Es evidente que surge por medio de la percepción o el ver, luego el contacto, la sensación y a continuación el deseo, ¿no es cierto? Primero vemos un automóvil, hay un contacto, eso provoca una serie de sensaciones, y al final nace el deseo de poseer un automóvil, de conducirlo; por favor, siga esto paso a paso, con paciencia. Seguidamente, al intentar conseguir ese automóvil, lo cual es un deseo, aparece el conflicto; es decir, en la misma satisfacción de un deseo hay conflicto, dolor, sufrimiento o alegría, y lo que uno quiere es seguir con el placer y evitar el dolor. Esto es lo que realmente nos sucede a cada uno de nosotros. Esa entidad crea el deseo, se identifica con el deseo y dice: «Debo eliminar todo lo que no sea placentero, todo lo que me causa dolor», nunca dice: «Quiero eliminar el dolor y el placer». Queremos retener el placer y evitar el dolor, pero el deseo crea tanto el dolor como el placer, ¿no es verdad? El deseo que surge a través de la percepción, del contacto y de la sensación, lo identificamos como el “yo” que quiere retener el placer y evitar el dolor. Pero el dolor y el placer son igualmente el resultado del deseo, que es una parte de la mente, el deseo no está fuera de la mente, y mientras exista una entidad que diga: «Quiero retener esto y eliminar aquello otro», siempre habrá conflicto; porque si queremos liberarnos de todos los deseos dolorosos y quedarnos con aquellos que son principalmente placenteros, beneficiosos, nunca abordaremos la totalidad el problema del deseo. De modo que cuando decimos «No debo tener deseos», ¿quién es esa entidad que intenta liberarse de algo? ¿No es esa entidad también una consecuencia del deseo? ¿Están siguiendo todo esto?

Por favor, como he dicho al principio de la charla, deben tener infinita paciencia para comprender estas cosas. Las preguntas fundamentales no tienen una respuesta absoluta de “sí” o “no”. Lo importante es plantear una pregunta fundamental, no encontrar una respuesta, y si somos capaces de observar esa pregunta fundamental sin buscar una respuesta, entonces, de esa misma observación de lo fundamental surge la comprensión.

Por tanto, nuestra dificultad no es cómo liberarnos de los deseos que son dolorosos y retener aquellos que son placenteros, sino comprender toda la naturaleza del deseo. Esto plantea una nueva pregunta: ¿qué es el conflicto? Y ¿quién es la entidad que constantemente elige entre lo placentero y lo doloroso? Esa entidad a la que llamamos el “yo”, el ego, el mí, la mente, y que dice: «Esto es placer y esto otro es dolor; quiero retener el placer y evitar el dolor», ¿no sigue siendo deseo esa entidad? Si somos capaces de observar todo el campo del deseo sin pretender retener o evitar algo, entonces descubriremos que el deseo tiene un significado muy diferente.

El deseo crea contradicción, y a la mente, por poco atenta que esté, no le gusta vivir en contradicción, de modo que trata de liberarse del deseo. Pero si la mente es capaz de comprender el deseo sin tratar de eliminarlo, sin decir: «Este deseo es mejor que aquel otro; voy a quedarme con uno y eliminaré el otro», si la mente puede darse cuenta de todo el campo del deseo sin rechazar, sin elegir, sin condenar nada, entonces verá que la mente es el deseo, no está separada del deseo. Si de verdad entienden esto, la mente se vuelve muy silenciosa; aunque lo deseos surgen, dejan de tener fuerza, pierden importancia, no arraigan en la mente ni crean problemas. De todas las maneras, la mente reaccionará, si no lo hiciera estaría muerta, pero esa reacción es superficial, no arraiga en la mente. Por eso es importante comprender todo el proceso del deseo en el cual la mayoría estamos atrapados, porque al estar atrapados padecemos la contradicción, el inmenso dolor que genera, y esa es la razón de que luchemos contra el deseo, pero esa lucha crea dualidad. Mientras que si podemos observar el deseo sin juzgarlo, sin valorarlo ni condenarlo, veremos que el deseo no arraiga. La mente que permite que los problemas arraiguen, jamás podrá encontrar eso que es real. Así, la cuestión no es cómo eliminar los deseos, sino comprenderlos, y solo podemos comprenderlos cuando no los condenamos. Solo la mente que no es prisionera del deseo puede comprender el deseo.